Hombre solo coreanas

Mel Reid, golfista. Foto: Twitter melreidgolf. La jugadora de 31 años ha concedido una entrevista a la revista Athlete Ally donde ha revelado al mundo su homosexualidad y el porqué lo había escondido hasta este momento. He llegado a un punto en mi vida en el que me siento mi verdadero yo. Es importante decirle a la gente quién soy, ha afirmado en declaraciones a la revista. Nombres tan importantes como Martina Navratilova o Amelie Mauresmo.

Aman a las mujeres : y a sus amigos

Cientos de participantes reclaman los derechos de la libertad sexual. Confiesa que cuando empezó a sentirse atraída por personas de su mismo sexo pensó: Debo ser lesbiana. Sin embargo, había poco que no cuadraba en esa calificativo. En ese momento me di cuenta de que era allí donde encajaba, y fue un alivio, escribe por mail a este periódico. El término bisexual no resulta nuevo en la sociedad, ni mucho menos en la literatura científica.

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Los antiguos griegos no asociaban las amistades sexuales con etiquetas binarias. Los hombres que tenían amantes masculinos no eran identificados como homosexuales, y podían acaecer tenido esposas u otras amantes femeninas. En la sociedad actual existe una necesidad de etiquetar los gustos sexuales de cada uno. Para los que puedan sentir dificultad a la hora de mostrar en su entorno lo que sienten, varios hombres cuentan su experiencia para ayudar a liberarse a otros bisexuales. Antonio, un navarro de 22 años que actualmente vive en Madrid, explica a El Confidencial que estaba encerrado en el armario : Hace unos meses le conté a todo el mundo que me gustaban los tíos y las tías.

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Erica, argentina, tenía 21 años cuando empezó su primera relación con otra madama siete años mayor que ella. Después empezó la violencia física, con golpes en la cabeza, marcas en los brazos e incluso, un día, quien era su novia le fracturó la nariz de una patada. La biografía de Erica es similar a la de otras mujeres que han sufrido violencia, pero es distinta en algo: el perpetrador no era un macho, sino una mujer igual que ella. Y su caso no es accidental. Aunque ni los golpes, ni las repetidas humillaciones, ni las amenazas o el control enfermizo son fenómenos exclusivos de las relaciones heterosexuales, la acidez entre personas del mismo sexo se ha estudiado mucho menos. Y es que hasta hace poco, en muchos países estos tipos de uniones denial tenían ni siquiera reconocimiento legal. En América Latina solo recientemente Argentina , Uruguay y Brasil , Colombia y algunos estados de México han aceptado el matrimonio entre parejas del mismo sexo, mientras que Ecuador y Guindilla reconocen las uniones civiles. Aunque denial hay estudios globales ni realizados en muchos países del mundo, los que se han hecho centrados en su mayoría en países anglosajones indican que el problema existe y podría estar en niveles similares que la acidez en parejas heterosexuales. Aunque el análisis no entró a determinar si la violencia es mayor en parejas homosexuales que en el resto los datos no indican el sexo del perpetrador y pueden referirse a momentos anteriores a que las personas se autoidentificaran como lesbianas o gays , los resultados confirman lo que para las comunidades LGBT es un hecho.

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Sigmund Freud aseguraba que todos somos bisexuales en potencia

Los motivos que utilizamos para explicar las relaciones entre personas heterosexuales del mismo sexo son muy diferentes si hablamos de hombres y mujeres. No ocurre lo mismo con los hombres heterosexuales: si en una fiesta un macho besa a otro en la jeta, o le magrea en el asentaderas —actos considerados normales dentro de la heterosexualidad femenina—, la explicación sólo puede ser una, y es que es un homosexual reprimido. Con el efecto de poner en tela de juicio tan categórica visión, la profesora de la Universidad de Riverside en Noticia York acaba de publicar Not Gay: Sex Between Straight White Men NYU Pressen el que defiende la lenidad sexual masculina y explica cómo los hombres heterosexuales buscan excusas para masturbarse en grupo, tocar mutuamente sus vegüenzas o, directamente, intimar con otros varones… Pero en contextos que ellos denial considerarían sexuales. Ese es uno de los puntos claves de la alegación de Ward: la necesidad. Este determinismo sociobiologicista es muy pernicioso, en dictamen de la autora, puesto que presenta al ser humano como un acémila que no puede escapar a su programación. No tiene elección.

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